
Un día al mediodía decidí ir con Alejandra por un café al Starbucks, como siempre, pedimos unos frapuccinos tamaño venti, en esa ocasión pedimos moccha con crema batida, chocolate y dos shots de expresso.
Todo parecía transcurrir normalmente, luego de dejarla en su escuela me dirigía a mi casa y entonces fue cuando me di cuenta de algo.



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