
Hace más de un par de meses, a principios de noviembre o finales de octubre, recibí un correo eléctronico, era una cadena, como siempre, no le puse atención, pero como era de una amiga de Nuevo Laredo que usualmente me manda cadenas sobre la inseguridad, como esa del jugador arábe que se muda a nuestro país y la esposa le reclama sobre la guerra, pero no la de su país, si no la del narco en el nuestro.
Bueno, el correo narraba algo que supuestamente pasó en uno de los puentes internacionales, según la historia había un “amigo de un amigo“, siempre tiene que ser el amigo de un amigo, alguien que jamás conoceremos ni sabremos la veracidad de su existencia, quien estaba esperando detrás de una camioneta de lujo, al tocarles el semáforo para avanzar a la revisión la camioneta no avanzó, el amigo del amigo trató de pitarles para que avanzaran, pero no lo hizo.
Luego, el conductor de la camioneta, a quien siempre descibren como embotado, con sombrero y alhajas de oro se acerca a la ventanilla del amigo desconocido y le dice: “aposté con mi amigo que si me pitaba lo mataba y si no, le pagaba 500 pesos“. Sigue la advertencia, esto le pasó al amigo de un amigo, tengan cuidado.




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